
Cuenta de un anciano internado en un geriátrico, su hijo, importante funcionario de una empresa multinacional y su nieto, adorable muchacho que ama a su abuelo.
Un día el joven pasa por la oficina de su padre. La secretaria le anuncia y lo hace pasar.
-¿Qué necesitas? -le pregunta de un modo muy hostil -¿otra vez te metiste en problemas? Porque si estás aquí…
-Yo no necesito nada -contesta el joven- ya te dije que no pensaba pedirte nada más si lo puedo evitar. El tema es el abuelo.
-Que pasa con tu abuelo? Él debe estar bien porque si no, me hubieran avisado…
-Te llamaron tres veces del geriátrico, pero no reciben respuesta. Les dicen que estás ocupado.
-Y es la verdad… Será alguna tontería. Le diré a mi secretaria que llame.
-Ya averigüé yo -dice el joven- el abuelo quiere que le mandes un pequeño calefactor, para su cuarto.
-¿Calefactor? -contesta el hombre a los gritos- ¿Calefactor? Con el calor que hace, por favor.
-Yo estuve ahí papá… el lugar es bastante fresco y él pasa demasiado tiempo quieto. De todas maneras es el abuelo quien lo pide.
-Mira, yo no trabajo como trabajo para tirar el dinero -dice el padre -si quiere un calefactor que se lo den en el geriátrico y si no te satisface mi respuesta, cómprale una manta con tu mensualidad.
El joven sale de la oficina sin decir una palabra.
Esa noche cuando el padre llega a la casa, ve al muchacho tendido en la sala con una manta extendida sobre la alfombra.
Para su sorpresa está cortándola al medio.
-Esa no será la manta que compraste para tu abuelo -le dice
-Si -contesta el joven sin mirarlo
-¿Y porqué la cortas al medio?
-Anticipación -contesta el joven- Una mitad es para él y la otra para ti, cuando tengas su edad.
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